Cuántas veces creemos que respondimos a alguien que nos planteó un problema o se nos quejó de algo, ya sea un correo electrónico, en forma personal o en una reunión. Pero simplemente contestamos.
Creemos que vale la pena que como jefe se promueva ―a partir de sí mismo— la cultura y la actitud propia de responder y desalentar la de contestar.
Responder es dar respuesta, o sea, apuntar hacia las soluciones, salidas o alternativas.
Contestar es limitarse uno como jefe o como persona en general a refutar por escrito o verbalmente a colaboradores o colegas; también es limitarse a protestar, a ser contestatario, reactivo, evasivo, a exigir lo que como jefe cree que le deben dar o a buscar un desquite. Contestar se da cuando uno como jefe simplemente se defiende o justifica ya sea por e-mail, por teléfono o en una reunión o se pone uno al mismo nivel de conflicto del otro en palabras o actuaciones.
Todas las personas incurrimos en este tipo de actitudes el asunto es que como jefe es muy importante caer en cuenta y salirse del juego o mejor aún ir superándolo para no entrar nunca más en ese juego.
Responder es centrarse en la búsqueda de las causas reales del problema y de las soluciones fundamentales… Implica incluso la búsqueda conjunta de esas soluciones, así sean difíciles de encontrar o se vean fáciles de evadir.
No conteste, más bien responda, porque será mucho más efectivo.
